Concurso BNF

“Tenemos la oportunidad de constituir nuestro nuevo mundo urbano en un paisaje imaginable, es decir, visible, coherente y claro. Esto exigirá una nueva actitud por parte del habitante de la ciudad y una remodelación física de su dominio en formas que extasíen la vista, que por si mismas se organicen de nivel en nivel en tiempo y espacio, que puedan representar símbolos de la vida urbana.” – Kevin Lynch en La Imagen de la Ciudad.

Tal como una obra arquitectónica, también la ciudad es una construcción del espacio. A diferencia de la obra particular, en la ciudad no hay un resultado definitivo, sino una sucesión ininterrumpida de fases. Fases que van delatando el espíritu de cada época.

La imagen de la ciudad está embebida de recuerdos y significados. Si bien, es una imagen en constante cambio, las alteraciones que se realizan afectan a la propia identidad que se logra constituir con el paso del tiempo.

La primera incógnita que nace como resultado del concurso es ¿cómo dialoga un nuevo edificio corporativo con un inmueble patrimonial, sin que éste interrumpa o afecte la imagen del mismo? Resolver este tipo de problemas constituye en el ejercicio con el cual se debe enfrentar la (in)controlada expansión urbana, transformadora de nuestra cuna de recuerdos, como lo es el centro histórico de Asunción.

La delicada relación entre el proyecto a construir y el patrimonio supuso el foco central de atención en la propuesta. Se decidió respetar la escala de la Villa Adelara, tomando sus propios elementos como generadores de los nuevos espacios. Se parte, entonces, con dos elementos compositivos: el basamento y la torre.

El basamento, respondiendo a la escala del patrimonio, se configura en L, abrazando al patrimonio, y la torre-placa, que se desprende de la base para generar una terraza urbana en sombra, se erige como elemento que conforma el horizonte de la ciudad. El basamento del conjunto completa la fachada de la cuadra, proyectando las mismas líneas que definen al patrimonio, configurando el vacío y la sombra de acceso como resultantes de esta continuación de lo existente. El propio zócalo se prolonga como escalinata y rampa, elevando el plano base del banco. Esto, a su vez, jerarquiza el ingreso al edificio, creando una transición entre espacio público y los programas del banco.

 

Desde la percepción del observador, el ciudadano, las intenciones de la propuesta son muy claras: respetar la escala y la distancia con respecto al patrimonio y la propia cuadra, vincular y atenuar, con extrema cautela, la inserción del nuevo edificio. La fácil lectura del proyecto refuerza la idea síntesis como la más apropiada para esta situación particular, tomando la escala y la proporción como elementos configuradores de la propuesta.

Estructuralmente se decidió mantener un orden lógico, generando ejes que se repiten, tanto en las plantas inferiores, como en las superiores. Ocho puntos estructurales erigen la torre, liberando el perímetro para alivianar la imagen y permitir que la superficie vidriada produzca transparencia y se generen vistas al entorno urbano

El estacionamiento en subsuelo se resuelve en 4 niveles, continuando con la estructura de los pisos superiores. Las losas postensadas descansan sobre pilares con cabeza de hongo, disminuyendo los metros de excavación en subsuelo, como también la altura total del edificio.

La intención de despejar la planta baja y volverla totalmente pública se vio condicionada por el tipo de programas que debían funcionar a nivel, por lo cual se trata de despojar todo tipo de elemento “cerrado”, generando una continuidad espacial que conecta los distintos espacios en todo el predio, insistiendo en la permeabilidad y transparencia.

En la búsqueda de una imagen sobria y elegante, se optó por el uso de materiales nobles y resistentes. El hormigón blanco representa la pureza y la solidez que todo banco debe reflejar. El bajo mantenimiento y su durabilidad, lo vuelve en el material idóneo para el proyecto. El vidrio genera espacios abiertos, conectados y transparentes, eliminando la idea obsoleta de espacios encerrados para el trabajo. Los parasoles de aluminio protegen el interior y generan espacios en sombra, controlando esta transparencia.

La creación de los distintos tipos de parasoles, tanto en la torre como en el basamento, permite que el edificio se mantenga contenido y protegido detrás de este velo que genera una transparencia controlada, apropiada para las condiciones climáticas que inciden en el edificio. En la torre, la disposición de los parasoles en elementos horizontales y verticales corresponde al ordenamiento en planta de los espacios servidos y los espacios sirvientes, trasladando esta lectura al exterior del volumen. Se refleja, así, la congruencia de la intención proyectual de promover una lectura y comprensión simple y honesta del conjunto. El control de la luz en climas como el intenso subtropical asunceno, refuerza el compromiso de la arquitectura como cobijo que promueve el confort de los usuarios. La ventilación cruzada también responde al estudio de acondicionamientos, destacando su importancia como control de temperaturas y humedad interna. Soluciones pasivas de este tipo son alternativas sencillas que garantizan el bienestar de las personas que habitarán el nuevo edificio del Banco Nacional de Fomento.

Todo el sistema de instalaciones se corresponde con la mochila de servicio, que aparte de ser un apoyo funcional, es un apoyo estructural. Esta correspondencia permite liberar el resto de la planta, promoviendo la flexibilidad funcional, muy apropiada para la multiplicidad de programas y usos de la planta tipo.

La intervención en la Villa Adelara, inmueble patrimonial, es producto del minucioso análisis de su historia y sus preexistencias. Por un lado, decidimos despejar los agregados constructivos que resaltan como manchas en la esencia de la Villa, devolviéndole su original configuración. Al tratarse de un nuevo espacio cultural, en el interior se liberan las divisorias que compartimentaron y fragmentaron el espacio característico de este tipo de construcciones, respondiendo a caducas necesidades. La nueva flexibilidad funcional se adapta a los distintos usos de exposición artística y cultural que la Villa albergará. Manteniendo todas las aberturas, muros y estructuras originales de la Planta Alta, se propone despejar los cielos rasos para generar una experiencia espacial acorde al nuevo espíritu programático.

Originalmente concebida como el piano nobile, la planta alta de la Villa mantendrá su nobleza e importancia como espacio principal y jerárquico. Respetando esta lógica, todo el servicio se mantiene en la planta baja del patrimonio, albergando la residencia de los militares y programas que sirvan de apoyo al espacio cultural.

El proyecto se puede resumir en una clara manifestación del sentido del orden, tan promovido por Louis Kahn. El constante respeto por la escala y la proporción de los espacios, así como su relación con el entorno inmediato y su inserción en el conjunto urbano, generan un proyecto que responde y resuelve, desde la arquitectura, cada una de las incógnitas de la manera más prudente y honesta.